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La COVID-19 está cambiando muchas facetas de la vida. Se está transformando a toda marcha el mundo laboral, con la proliferación del teletrabajo, pero también la educación, los transportes, el ocio, el turismo… y la medicina. 

La tecnología hará irreconocible en unos años el mundo de la salud tal cual lo conocemos hoy. Se espera que la inteligencia artificial, por ejemplo, mejore significativamente la prevención, el diagnóstico y el tratamiento de enfermedades. 

 

Inteligencia artificial contra la COVID-19

Ejemplos hay muchos. Durante la primera ola de la COVID-19 vimos cómo una empresa valenciana creaba un algoritmo que ayuda a saber en 20 segundos si un TAC pulmonar realizado a un paciente es similar al que mostraría un infectado por el SARS-CoV-2. También supimos de un equipo de investigadores del MIT que, liderados por un científico catalán, se las habían ingeniado para afinar una app que hace un diagnóstico de la COVID-19 analizando simplemente la tos.

 A un nivel más general, hoy el software dotado de inteligencia empieza a ser una herramienta valiosa a hora de predecir el riesgo de tener enfermedades devastadoras como el cáncer o el alzheimer. Y en el futuro va a servir para acelerar el desarrollo de vacunas y otros medicamentos. O permitirá detectar futuras pandemias, en la línea de trabajo iniciada por la compañía canadiense BlueDot, que desarrolló un programa basado en IA que alertó del primer caso de coronavirus en China a finales de 2019, cuando nadie se podía imaginar siquiera la catástrofe que iban a desatar esas primeras infecciones. En el futuro no habrá especialista sanitario y científico que no recurra a estos desarrollos.  

 

Auge de la telemedicina durante la pandemia

Otra vertiente donde la tecnología puede hacer muchas cosas por el cuidado de las personas es la de la telemedicina. Lo hemos visto en los últimos meses. La crisis sanitaria desatada por la COVID-19 ha puesto en jaque en varias ocasiones a los sistemas de salud de España y muchos otros países, amenazando con colapsar ambulatorios y hospitales. 

Durante la pandemia de coronavirus, las consultas muchas veces se han podido hacer gracias al vídeo o al teléfono, y la experiencia ha sido relativamente buena. También las videollamadas han permitido la comunicación de las familias con los enfermos de los hospitales y los ancianos de las residencias, haciendo más llevadero el aislamiento y la soledad impuestas por la COVID-19  

Sólo estamos al principio de la revolución que la telemedicina promete a medio y largo plazo. Y esas videollamadas salvadoras son sólo la punta del iceberg.   

Hay aparatos y aplicaciones que permiten descargar al sistema sanitario, sin por ello descuidar la atención del paciente que está en remoto. Hablamos de relojes y wearables que monitorizan la frecuencia cardiaca, la presión arterial o la temperatura, por ejemplo.

Sólo estamos al principio de la revolución que la telemedicina promete a medio y largo plazo. Y esas videollamadas salvadoras son sólo la punta del iceberg. 

Además, esta ola de innovación coincide con una tendencia innegable: los consumidores queremos controlar nuestra salud, nuestra alimentación o nuestro ejercicio. Hay un proceso claro del empoderamiento del paciente.  

Nos gusta y estamos dispuestos a colaborar con los sanitarios si se nos ponen al alcance soluciones fiables y fáciles de usar. Eso hará que seamos más participativos y conscientes de los cuidados y del tratamiento que recibimos. 

 

Las posibilidades de Koro en personas con cardiopatías

Es el caso de Koro, una app diseñada y probada por Asseco Health para el cuidado a distancia de pacientes con afecciones cardiacas o que han sido intervenidos recientemente. Koro funciona en cualquier móvil y es especialmente interesante el seguimiento que permite a través de un dispositivo como el Apple Watch.

Un proyecto llevado a cabo por la Universidad Johns Hopkins, de Baltimore (EEUU), llevó la conclusión de que el uso de apps permite reducir drásticamente un segundo ingreso en el hospital a las personas que han sufrido un ataque al corazón.

Koro ofrece consejos y guías para cuidar la alimentación, informa de la medicación que el paciente debe tomar y lleva un control diario de la misma. También monitoriza la actividad física diaria y genera estadísticas de los pasos andados o de las horas de sueño, por ejemplo. Y, por supuesto, permite un acceso directo al personal médico que atiende al enfermo de corazón. 

Un proyecto llevado a cabo por la Universidad Johns Hopkins, de Baltimore (EEUU), llevó la conclusión de que el uso de apps permite reducir drásticamente un segundo ingreso en el hospital a las personas que han sufrido un ataque al corazón. En concreto, las aplicaciones reducen al 3% de los casos esa reincidencia, cuando el nivel medio en Estados Unidos está en el 19%.

 

Los Apple Watch, básicos para monitorizar el corazón

Para facilitar las cosas a los pacientes, Koro puede descargarse en el Apple Watch y permite llevar toda la información en la muñeca, incluidos los datos de los electrocardiogramas, sin necesidad de sacar el teléfono del bolsillo.

Para facilitar las cosas a los pacientes, Koro puede descargarse en el Apple Watch y permite llevar toda la información en la muñeca, incluidos los datos de los electrocardiogramas, sin necesidad de sacar el teléfono del bolsillo.  

La aplicación también permite desplegar al facultativo toda la información del paciente de forma muy visual, en un panel donde puede encontrar todos los datos relativos a su evolución. Ahí el médico también podrá comparar tratamientos y enviar información directamente al paciente, por ejemplo, el día y la hora de su próxima cita médica. 

La apuesta de Asseco por el sector sanitario

Koro ha sido desarrollado por Asseco Health, la unidad de Asseco encargada de ofrecer soluciones de medicina, y que también ha desarrollado programas de gestión como AID Care, que permite administrar y optimizar las tareas de los sanitarios en los centros médicos, o AID Work, un software pensado para gestionar el trabajo de los profesionales de la salud y los recursos disponibles en hospitales y ambulatorios, desde los turnos de un celador a las reservas de quirófano.